CARTAS A UN JOVEN POETA

“El goce corporal es una vivencia sensorial que no difiere del mero mirar o de la mera sensación con que la lengua aprecia un agradable fruto; nos es dada como una grande, infinita experiencia, como un conocimiento del universo, de su plenitud y magnificencia. Y no es malo que lo experimentemos; malo es que casi todos abusen de tal experiencia, la desperdicien y recurran a ella como excitante en los momentos en que se sienten fatigados, porque les sirve para dispersarse y no para concentrarse y ascender hacia las cumbres. Por cierto, también los hombres han hecho del comer, otra cosa. De un lado, la indigencia y de otro, la abundancia han enturbiado la limpidez de esta necesidad; análogamente han sido perturbadas también todas las profundas y sencillas necesidades por las cuales la vida se renueva. Pero cada uno puede purificarlas para sí y vivirlas claramente (y si no le es posible al individuo que tiene excesiva dependencia, sí le es factible al solitario). Él puede reconocer que la belleza de los animales y las plantas es una forma serena y duradera del amor y del deseo, y puede ver al animal y a las plantas uniéndose y multiplicándose y creciendo pacientes y solícitos –no al servicio de la ley del placer ni del dolor físico-, sino de una ley que sobrepasa el placer y el dolor y es más poderosa que toda voluntad de resistencia.”

CARTAS A UN JOVEN POETA
– Rainer Maria Rilke

LA CEGUERA DEL OLFATO

“Una noche lluviosa de 1976, un matemático de treinta y tres años salió a dar un paseo después de la cena. Todo el mundo lo consideraba, más que un gourmet, un fenómeno de feria, porque tenía la habilidad de probar un plato y enumerar todos sus ingredientes con asombrosa precisión. Un escritor lo describió como “un diapasón gustativo”. Cuando salió a la calle, un coche que no iba muy rápido lo atropelló; en su caída, golpeó el pavimento con la cabeza. Al día siguiente, se despertó en el hospital y descubrió con horror que había perdido su sentido del olfato.
Como sus papilas gustativas seguían funcionando, podía detectar si la comida que probaba era salada, amarga, ácida o dulce, pero había perdido todo el sabor de la vida. Siete años después, siempre incapaz de oler, y profundamente deprimido, le puso en pleito al conductor del coche que lo había atropellado, y lo ganó. Se dio por entendido, primero, que su vida se había empobrecido irreparablemente y, segundo, que sin el sentido del olfato su vida estaba en peligro. En esos siete años, había estado a punto de morir al no poder detectar el olor a humo con ocasión de un incendio en el edificio donde vivía; se había intoxicado con comida cuyo estado de putrefacción no pudo oler; no podía percibir los escapes de gas. Lo peor de todo, quizá, era que había perdido la posibilidad de que los aromas y olores le proporcionaran recuerdos y asociaciones conmovedoras. “Me siento vacío, en una especie de limbo”, le dijo a un periodista. No había siquiera un nombre para su pesadilla. Los que no oyen son llamados “sordos”, pero ¿cómo se llama a alguien sin olfato? ¿Qué puede ser más triste que sufrir una carencia sin nombre? Los científicos lo llaman “anosmia”, una simple combinación de griego y latín: “sin”, “olor”. Pero no existe un término cotidiano que, al menos, podría proporcionar un sentimiento de comunidad o de cuasinormalidad.”

UNA HISTORIA NATURAL DE LOS SENTIDOS
– Diane Ackerman

REGALO DE CUMPLEAÑOS

“Nuestros cumpleaños eran los más lindos del barrio y de la escuela. Los preparativos empezaban tres días antes cuando invitábamos a los más amigos a hacer los mantecados y las galletitas de queso. Amasábamos entre todos. Mi madre dirigía sin importarle los mazacotes que caían en el suelo o que avanzase la tarde y no hubiese comida preparada para la cena.
El que cumplía años era el centro de toda la actividad, se lo consultaba sobre todo. Mi madre nos hacía sentir que una luz especial se había posado sobre nuestras cabezas y nos seguía a todos lados.
Dos días antes de la fecha preparábamos los panes de nueces con los que el día de la fiesta se armaban sandwichitos de jamón, lechuga, tomate, queso y huevo duro. El día anterior asistíamos al clímax de los preparativos que era la decoración de la torta. Yo elegía siempre la coneja con los conejitos y mi hermano, el fuerte con indios y vaqueros o el tren que tenía las ruedas de caramelos de dulce de leche.
Preparábamos los concursos de enhebrar fideos mostacholes, la búsqueda de tesoros en el jardín, las carreras de huevos en cuchara, las ropas viejas en un canasto para hacer concurso de disfraces.”

SABORES DE LA MEMORIA
– Ana Pomar

FELIZ CUMPLEAÑOS

“-¡Denme un vaso de vino! -exigió.
De pronto se hizo el silencio, cada uno con un vaso inmovilizado en la mano.
-Abuelita, ¿no le va a caer mal? -insinuó cautelosamente la nieta rolliza y bajita.
-¡Qué abuelita ni qué nada! -explotó ácidamente la agasajada- ¡Qué el diablo se los lleve, banda de maricas, cornudos y vagabundos!, ¡quiero un vaso de vino, Dorothy! -ordenó.
Dorothy no sabía qué hacer, miró a todos en una cómica llamada de auxilio. Pero como máscaras eximidas e inapelables, ningún rostro se manifestaba. La fiesta interrumpida, los sándwiches mordidos en la mano, algún pedazo que estuviera en la boca hinchando hacia afuera las mejillas. Todos se habían quedado ciegos, sordos y mudos, con las croquetas en las manos. Y miraban impasibles.”

FELIZ CUMPLEAÑOS
-Clarice Lispector

HISTORIA DE LA ALIMENTACIÓN

“En la escritura jeroglífica, un mismo signo –un hombre llevándose la mano a la boca- representa tanto el acto de “hablar” como el de “comer”. Los egipcios eran, pues, conscientes de la relación entre esas dos “oralidades”: la emisión de palabras y la ingesta de alimentos, y de la relación primordial que existe entre la vida y el alimento, hasta el punto de que los términos eran con frecuencia sinónimos no sólo en el lenguaje metafórico, sino también en el lenguaje `real´.
Para ellos, de los placeres de la mesa dependían la salud y la longevidad. “

HISTORIA DE LA ALIMENTACIÓN
– Jean-Louis Flandrin y Massimo Montanari

LA RAZÓN DEL GOURMET II

“Mi mejor recuerdo gastronómico fue una frutilla en el huerto de mi padre. La jornada había sido calurosa, un verano. Las frutillas estaban impregnadas de ese calor que quema los frutos hasta el corazón, donde son tibios. Las hojas no bastaban para hacer una sombra que los protegiera lo suficiente. Desprendí una de ellas. Mi padre me invitó a pasarla bajo el agua, según su expresión, para limpiarla y refrescarla. El chorro que bajaba de la canilla era glacial, ya que procedía de las fuentes que dormían bajo los jardines. Cuando me puse la frutilla en la boca, estaba fresca sobre su superficie y caliente en su alma, piel suave casi fría, carne temperada. Aplastada bajo mi paladar, se convirtió en líquido que inundó mi lengua, mis mejillas y luego descendió al fondo de mi garganta. Cerré los ojos. Mi padre estaba allí, a mi lado, trabajando la tierra, encorvado sobre los arriates del huerto. Durante un instante -una eternidad-, yo fui esa frutilla, un puro y simple sabor derramado en el universo y contenido en mi piel de niño. Con su ala, la felicidad me había rozado antes de partir a otra parte. ”

LA RAZÓN DEL GOURMET
– Michel Onfray

EL SABOR DEL MUNDO – II

“Pues la alimentación es ante todo un problema de la cultura, y nada es agradable o repugnante en lo absoluto sino tan sólo en relación con la civilización en la cual se hace el juicio”.

EL SABOR DEL MUNDO, UNA ANTROPOLOGÍA DE LOS SENTIDOS
– David Le Breton

LOS VIAJES DE MARCO POLO

“Después de caminar doce días, se encuentran las fortificaciones de una ciudad llamada Taican. La comarca es muy linda y las montañas que se alzan a Mediodía producen mucha sal. Vienen de todas partes a proveerse de ella; hasta gente que vive a veinte jornadas de distancia, porque la sal es de excelente calidad. Es de tal dureza que sólo puede partirse con un pico de hierro y se presenta en tal abundancia que ha de durar hasta el fin del mundo.”

LOS VIAJES DE MARCO POLO
– Marco Polo

LA RAZÓN DEL GOURMET

   “Mi padre era el silencio y la tierra; mi madre, el verbo y la cocina. Ella pelaba, lavaba, enjuagaba, adornaba, torneaba, mondaba. Asaba, cocía, guisaba. Con el pequeño presupuesto de que disponía, a menudo preparaba tortillas, y en ocasiones, a comienzos de mes, carne y pescado: asados que crepitaban en el fogón, el domingo, pollos de piel crujiente, rodajas de cordero con tocino y queso, pucheros, bacalao a la crema, lengua con salsa picante, jamón al vino de Madeira, tartas de frutas, carlotas de chocolate. Y sopa, cantidades astronómicas de sopas para mi padre, que la tomaba en su desayuno, muy temprano, antes de ir a trabajar. Puerro y papa, sopas de cebolla, cremas de tomate, caldos diversos. Una vez pan, otra fideos, y también tapioca.
Recuerdo el vaho sobre los vidrios de la ventana de la cocina, frío afuera, nieve y olores de la comida en preparación. Puré en el cual yo hacía un pocito para que mi madre deslizara en él una o dos cucharadas de salsa y mi padre dejara caer un poco de chalote crudo que cortaba en su propio plato. La carne era roja, el ajo de la cocción perfumaba la casa, el fuego de la cocina era un brasero en la pequeña pieza; afuera estaba el invierno, adentro algo que, tal vez, se parecía a la felicidad.”

LA RAZÓN DEL GOURMET
– Michel Onfray

EL DESCUBRIMIENTO DE LA AGRICULTURA

“La agricultura enseñó a los hombres la unidad fundamental de la vida orgánica; y de aquella revelación surgieron las analogías más simples entre mujer y campo, entre el acto sexual y la siembra, y también las síntesis intelectuales más avanzadas: la vida como algo rítmico, la muerte como retorno, etc. Estas síntesis fueron esenciales para el desarrollo humano y solo fueron posibles después del descubrimiento de la agricultura”.

PATTERNS IN COMPARATIVE RELIGION
– Mircea Eliade

NINGUN LUGAR ADONDE IR

“26 de noviembre, 1948
He conseguido un préstamo de 100 marcos en la oficina del campo. Pedí prestados 50 marcos más a la señora Poskus. Estamos decididos a publicar Idilios. Leo concluyó las ilustraciones.
Una rodaja de pan con algo de chucrut encima cubierta con otra rodaja fina de pan, tremendo alimento. Lo bajamos con té. Es muy bueno. Recomendado para todos los poetas desempleados. Otra receta: un poco de pan con una rodaja de cebolla encima espolvoreada con sal.
Estoy avergonzado de la cantidad de espacio que le dedico en mi diario a lo que comemos. Sé que muchos lectores me abandonarán por esto. Pero es la realidad de nuestra vida cotidiana en estos días. Uno trata de aferrarse al espíritu pero gana el estómago. La irregularidad y la misera de la comida que obtenemos nos mantiene conscientes todo el tiempo de nuestros estómagos.
Ahora mismo mientras escribo esto un alemán delgado, completamente seco, está mendigando pan en nuestra puerta.”

NINGUN LUGAR ADONDE IR
– Jonas Mekas

MIRABA LEJOS, SIN RENCOR

21 de junio de 1969
“… Allá afuera Dios en las acacias. Que existían. Comíamos. Como quien da agua al caballo. La carne trinchada fue distribuida. La cordialidad era ruda y rural. Nadie habló mal de nadie porque nadie habló bien de nadie. Era una reunión de cosecha, se dio una tregua incluso a las nostalgias. Comíamos. Con una horda de seres vivos, cubríamos gradualmente la tierra. Ocupados como quien labra la existencia, y planta y cosecha, y mata, y vive, y muere, y come. Comí con la honestidad de quien no engaña lo que come: comí aquella comida, no su nombre. Nunca Dios fue tomado por lo que Él es. La comida, decía, ruda, feliz, austera: come, come y reparte. Todo aquello me pertenecía, aquélla era la mesa de mi padre. Comí sin ternura, comí sin la pasión de la piedad. Y sin ofrecerme a la esperanza. Comí sin ninguna nostalgia. Y yo bien valía aquella comida. Porque no siempre puedo ser la guarda de mi hermano, y no puedo ser mi guarda, ah no me quiero más: no quiero formar la vida porque la existencia ya existe. Existe como un suelo donde todos nosotros avanzamos. Sin una palabra de amor. Sin una palabra. Pero tu placer entiende el mío. Somos fuertes y comemos. Pan es amor entre extraños.”

DESCUBRIMIENTOS
–Clarice Lispector