LOS VERANOS SON COMO LOS MELONES

Los veranos son como los melones (los de comer, quiero decir). Hasta que no los abres, no sabes cómo van a salir. Se lo digo yo, que solo piso los mercados por razones estéticas, cuando vienen a visitarme amigos de fuera, y que las pocas veces que he intentado abrir un melón, solo he logrado apuñalarlo o, si el cuchillo era de mala calidad, quedarme con la empuñadura en la mano. Pero he abierto ya algunos veranos. Los jugosos y dulces cuyo líquido se desliza por las comisuras de los labios mientras se nos escapa la risa. Los verdes y resecos que, a escondidas y disimuladamente, de espaldas al mar, te hacen contar los días que faltan para la Navidad y pensar que, tal vez entonces, todo vaya mejor y no haga tanto frio. Los veranos inmóviles como lagartos al sol. Los veranos de juventud y los veranos con los que intentamos alargar, y más tarde recuperar, la juventud. Los veranos con niños pequeños intentando que no se despeñen ni se ahoguen ni les coja una insolación. Los veranos de trabajo en ciudades (y cines) desertados especialmente para nosotros. Los veranos enfermos de paños fríos en la frente y labios cuarteados humedecidos por pedacitos de algodón empapados en agua. Los verano de luto. Los veranos de rummy. Los veranos de gin tónics. Los veranos drogados. Los veranos de vampiro. Los veranos perdidos, que pasan como si no los hubiésemos vivido. Los veranos largos en que no ocurre absolutamente nada (y que, en cierto modo, para mí, son también veranos perdidos, a los niños les ocurren miles de cosas, uno tiene que estar muy cansado para que no le suceda nada). Los veranos de las peleas furibundas con los amigos. Los últimos veranos. Los veranos que inauguran el resto de tu vida. Los veranos en que descubrimos que el verano no es una estación sino una o varias personas. Los veranos de “En busca de el tiempo perdido” y nada más. Y los veranos en que entendemos que lo que tememos no es el regreso a la rutina, al trabajo, a los días más cortos, sino el rencuentro con nosotros mismos. Y los veranos en que por fin logramos dejar de ser nosotros mismos durante un rato (durante un baño en alta mar), durante unos días, durante unas semanas, durante un verano. Suerte con el melón, que no se queden con la empuñadura en la mano.

 

MILENA BUSQUETS
Artículo publicado en el diario El País el 10.08.15

PD: ¡Gracias especiales a Milena Busquets por permitirme usar este texto!

La señora Ramsay

– Es todo un éxito- dijo el señor Bankes, dejando un momento el cuchillo.
Lo había saboreado con atención. Era tierno y sabroso. Estaba en su punto. ¿Cómo había conseguido aquellos ingredientes estando en el campo?, le preguntó. Era una mujer maravillosa. Todo su amor y su admiración habían regresado; y ella lo notó.
– Es una receta francesa de mi abuela -explicó la señora Ramsay con un deje de profunda satisfacción.
Pues claro que era francés. Lo que pasa por cocina en Inglaterra no es sino una aberración (todos estuvieron de acuerdo). Consiste en hervir coles. En asar carne hasta que está como una suela de zapato. En pelar las deliciosas mondas de las verduras.
– Que además es donde están todas las vitaminas -añadió el señor Bankes.
Era un auténtico desperdicio, coincidió la señora Ramsay. Con lo que tira un cocinero inglés podría vivir una familia francesa.”

AL FARO
-Virginia Woolf

ACTUALIDAD DEL HUEVO Y LA GALLINA

“5 de julio de 1969,

 A la mañana en la cocina sobre la mesa está el huevo.
Miro el huevo con una sola mirada. Inmediatamente me doy cuenta de que no se puede estar mirando un huevo tan sólo: ver el huevo es siempre hoy: apenas veo el huevo ya se siente haber visto un huevo, el mismo, hace tres milenios. -En el mismo instante de ver el huevo él es un recuerdo de un huevo. -Sólo ve el huevo quien ya lo ha visto. Como un hombre que, para entender el presente, necesita haber tenido un pasado. -Al ver el huevo ya es de inmediato demasiado tarde: huevo visto, huevo perdido: la visión es un calmo relámpago. -Ver el huevo es la promesa de llegar a ver de nuevo un día el huevo. -Mirada corta e indivisible; si es que hay pensamiento: no lo hay: hay un huevo. -Mirar es el necesario instrumento que después de empleado, tiraré. Me quedaré sin el huevo. -El huevo no tiene un sí mismo. Individualmente no existe.
Ver realmente el huevo es imposible: el huevo es superinvisible así como hay sonidos supersónicos que el oído ya no oye. Nadie es capaz de ver el huevo. ¿El perro ve el huevo? Sólo las máquinas ven el huevo. La grúa ve el huevo. -Cuando yo era antigua un huevo se posó en mi hombro. – El amor por el huevo tampoco se siente, el amor por el huevo me es supersensible, no alcanza para llegar a saber que se siente. Uno no sabe que ama el huevo. -Cuando yo era antigua fui depositaria del huevo y caminé leve para no turbar el silencio del huevo. Cuando morí, me sacaron el huevo con cuidado: todavía estaba vivo. -Así como no se ve el mundo por ser obvio, no se ve el huevo porque es obvio. ¿El huevo ya no existe? Está existiendo en este instante. -Eres perfecto, huevo. Eres blanco, huevo. -A ti te dedico el comienzo. A ti te dedico la primera vez.
Al huevo dedico la nación china.”

REVELACIÓN DE UN MUNDO
– Clarice Lispector

LOS AUTONAUTAS DE LA COSMOPISTA

“DIARIO DE RUTA

                                                                                              Martes, 22 de junio

                          Desayuno: naranjas, bizcochos, café.

8.40 h. 45°C.
8.41 h. Partida.
8.44 h. Nos detenemos en plena autopista por una falla técnica: nos habíamos olvidado de bajar el fuelle del techo.
8.50h. Paradero: AIRE DE SÉNAS.
Orientación de Fafner: E.
Parking siniestro.
9 h. Partida
9.01 h. A la derecha, los montes Alpilles.
9.05 h. Peaje. Fingimos por segunda vez haber perdido el ticket y pasamos sin problema, luego de pagar 85 francos.
9.20 h. Otro peaje: 5 francos.
9.21 h. Paradero: AIRE DE LANCON.
Orientación de Fafner: S.S.O.
Hotel, restaurante, gasolina, oficina de turismo.
Nos instalamos en el hotel.

                         Almuerzo: Jamón crudo, faux-filet frites, ensalada, queso, café (en el restaurante).

                         Cena: Carol olvidó registrarla. Comimos en el restaurante del hotel.

JULIO CORTÁZAR Y CAROL DUNLOP
– Los autanautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella

TABAQUERÍA

“(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)”

ÁLVARO DE CAMPOS (FERNANDO PESSOA)
– Tabaquería

OTTO FREDERICK ROHWEDDER

“A principios de 1900 a la gente le irritaba tener que cortar su propio pan. Otto Frederick Rohwedder pasó dieciséis años de su vida e invirtió toda su plata para inventar una máquina automática que cortara el pan. Otto terminó en la ruina, no había entusiasmo en la industria para comprar la máquina. Sin embargo, treinta años después otra empresa, Continental, adoptó la máquina y la llamó Wonder Bread. En ese año, el ochenta por ciento del pan que se vendió estaba precortado. Otto decía que no era el dinero lo que lo estimulaba a crear algo nuevo sino el solo hecho de tener que cortarse su propio pan.
Muchas veces, las ideas crecen a partir de cosas que nos irritan.”

ÁGILMENTE
-Estanislao Bachrach

UNA VEZ BASTA

“Estaba encargando por teléfono carne de venado a una granja de carne biológica. Como era mi primer encargo, pregunté qué otros productos tenían. La voz femenina enumeró una lista que terminaba en “ardilla”. Esto me despertó cierto interés. Yo andaba buscando algún método de vengarme desde que esas sabandijas se comieron todos los retoños de una camelia en mi jardín. La carne de la alimaña parecía notablemente barata (como tenía que ser) y me aconsejaron que era preferible una cocción larga y lenta. Después me preguntaron si quería el bicho descuartizado.
– ¿Cuál es la ventaja? -pregunté.
-Bueno -me respondieron-, si no está descuartizado se parece mucho a una ardilla.
Lo encargué despedazado.
Un par de días más tarde llegó la caja de espuma de polietileno y escarbé por debajo del venado en busca del amuse-gueule de cola tupida. Abrí el paquete de plástico. Uy, uy. Se habían olvidado de cortarla en pedazos y parecía… sí, igual que una ardilla desnuda, muerta y desollada. Intenté hablarle con rudeza -“No eres más que una rata con buena imagen pública”, cosas así-, pero eso no la hizo más apetecible. Al final se la regalé a un estudiante pobre con aficiones de silvicultor. Y nunca he vuelto a encargar otra.
Hay cosas que, por mucho que uno se empeñe, no es capaz de comer ni de guisar; o bien de volver a hacerlo, si lo ha hecho alguna vez.”

EL PERFECCIONISTA EN LA COCINA
– Julian Barnes

HÍGADO DE OSO POLAR

“Los animales cazan por instinto, pero su instinto les conduce a que persigan un determinado tipo de presa. Al abandonar sus antiguas costumbres recolectoras para pasar a una dieta cinegética, el hombre había traspasado el umbral del instinto, y necesitaba ahora calcular todas las circunstancias por su cuenta. De esta forma, el cambio de dieta le obligaba a desarrollar su cerebro, y a demostrar una mayor inteligencia para enfrentarse a los nuevos problemas que se le planteaban.
La vida se convirtió de repente en una continua serie de pruebas y tanteos. Cómo pudo evitar el hombre su extinción durante este proceso de experimentación dietética es algo que no conoceremos nunca. La despensa de la naturaleza está llena de exquisiteces venenosas que el hombre tuvo que aprender a reconocer, como por ejemplo, el hígado de oso polar.”

COMIDA Y CIVILIZACIÓN
–Carson I. A. Ritchie

QUÉ HAMBRE TERRIBLE!

“… Y se acordó del marido. Sólo recordaba a su marido en mangas de camisa. Pero no podía ser, estaba segura de que iba a la repartición siempre de uniforme, a las fiestas con saco y corbata, por no mencionar que no podría haber ido al entierro del hijo y de la hija en mangas de camisa. La búsqueda del saco del marido cansó todavía más a la vieja, que daba vueltas suavemente en la cama. De repente descubrió que la cama era dura.
Qué cama dura – dijo bien alto en mitad de la noche. Se había sensibilizado toda. Partes del cuerpo de las que hacía mucho no tenía conciencia reclamaban ahora su atención. Y de golpe – pero qué hambre terrible!.”

EL GRAN PASEO
– Clarice Lispector

LA CAMPANA DE CRISTAL

“Había descubierto, después de dejar atrás grandes recelos respecto de qué cucharas utilizar, que si uno hace algo incorrecto en la mesa con cierta arrogancia, como si supiera perfectamente que está haciendo lo que corresponde, puede salir del paso y nadie pensará que es grosero o que ha recibido una pobre educación. Pensarán que uno es original y muy ocurrente.
Aprendí este truco el día en que Jota Ce me llevó a almorzar con un famoso poeta. Él vestía una horrible, mugrienta, arrugada chaqueta de tweed pardo y pantalones grises y un jersey de cuello abierto, a cuadros rojos y azules en un restaurante muy formal lleno de fuentes y candelabros, donde todos los demás hombres llevaban trajes oscuros e inmaculadas camisas blancas.
Este poeta comió la ensalada con los dedos, hoja por hoja, mientras me hablaba de la antítesis entre la naturaleza y el arte. Yo no lograba apartar mis ojos de los dedos pálidos, regordetes, que iban y venían de la ensaladera del poeta a la boca del poeta con una chorreante hoja de lechuga en cada viaje. Nadie rió entre dientes ni hizo comentarios descorteses en voz baja. El poeta hacía que el comer ensalada con los dedos pareciera la única cosa natural y sensata que cabía hacer.”

LA CAMPANA DE CRISTAL
– Sylvia Plath

PARÍS ERA UNA FIESTA

“Si uno vive en París y no come lo suficiente, les aseguro que el hambre pega fuerte, ya que todas las panaderías presentan cosas tan buenas en los escaparates, y la gente come al aire libre, en mesas puestas en la acera frente a los restaurants, y uno ve y huele la buena comida. Y si uno había renunciado al periodismo, y estaba escribiendo cosas por las que nadie en América daba un real, y si al salir de casa uno decía que le habían invitado a comer pero no era verdad, el mejor sitio para matar las horas de la comida era el jardín de Luxemburgo, porque no veías ni olías nada de comer en todo el trayecto desde la place de l´Observatoire hasta la rue de Vaugirard. Y siempre podía uno entrar en el museo de Luxemburgo, y los cuadros se afilaban y aclaraban y se volvían más hermosos cuando los mirabas con el vientre vacío y con la ligereza que da el hambre. Teniendo hambre, llegué a entender mucho mejor a Cézanne y su modo de componer paisajes. Muchas veces me pregunté si él tendría también hambre cuando pintaba, pero me dije que si la tenía era seguramente porque se le había olvidado la hora de la comida. Una de esas ideas indocumentadas pero sugestivas que a uno se le ocurren cuando tiene sueño o hambre. Más tarde, pensé que Cézanne debía de estar hambriento, pero de otra clase de hambre.”

PARÍS ERA UNA FIESTA
– Ernest Hemingway

ULISES

Parte 1

“Con el corazón excitado empujó la puerta del restaurante Burton. Hedor agarró su aliento tembloroso: acre jugo de carne, chirle de verduras. Ver comer a los animales.
Hombres, hombres, hombres.
Trepados en altos taburetes al lado del bar, los sombreros echados hacia atrás, en las mesas pidiendo más pan no se cobra, emborrachándose, devorando montones de comida aguachenta, sus ojos saliéndose, enjugando bigotes mojados. Un pálido hombre joven de cara de sebo lustraba su vaso, cuchillo, tenedor, cuchara con la servilleta. Nuevo surtido de microbios. Un hombre con una servilleta de infante manchada de salsa arremangada alrededor de él vertía sopa gorgoteante en su gaznate. Un hombre volviendo a escupir sobre su plato; cartílago semimasticado: no hay dientes para masmasmascarlo. Chuleta de lomo de carnero a la parrilla. Tragando sin mascar para tragarlo de una vez. Tristes ojos de borracho. Mordió más de lo que puede masticar. ¿Soy así yo? Vernos como nos ven los otros. Hombre famélico, hombre colérico. Trabajan los dientes y la mandíbula. No! oh! Un hueso! Ese último rey pagano de Irlanda Cormac en el poema de la escuela se ahogó en Sletty al sur de Boyne. ¿Qué estaría comiendo? Algo golocius. San Patricio lo convirtió al cristianismo. No pudo tragarlo todo sin embargo.”

ULISES
– James Joyce